La crisis social en Chile, peor que un terromoto

Por estos dias viajé a Chile con el único propósito de visitar a mi familia después de casi un año sin poder compartir con ellos. La idea era estar en casa con la mamá, los hermanos y sobrinos. Un plan de relajación y de evocar momentos, recuerdos de una infancia que nunca sale de nuestras mentes; infancia que está ahí viva como el cielo azul, las verdes praderas del valle sembradas de viñedos y esa cordillera blanca, que no es ahora tan blanca por el mismo cambio climatico que la hace ver distinta, tal vez triste por contemplar desde las alturas la tragedia chilena.

No me pude apartar de la crisis social que vive Chile. Los grandes medios de comunicación muestran las multitudinarias marchas de más de un millón de habitantes en Santiago, pero dejan de pasar lo que ocurre en la provincia, las regiones no son importantes en ninguna parte.

Mi pueblo, mi pequeño pueblo que no tiene más de 100 mil habitantes se ha convertido casi que en un campo de guerra. La alcaldía fue incendiada junto a varios bancos, supermercados saqueados, colegios cerrados y manifestaciones masivas después de las 6 de la tarde.

Caminar por las calles de San Felipe deja un mal sabor en boca, porque los almacenes además de estar cerrados se protegen con estructuras metálicas o de madera que no dejan ver sus vitrinas. Unos abren, pero otros no se arriesgan.

Me dicen amigos con quienes he conversado que el panorama es igual en cada población de Chile, pequeñas, medianas y grandes.

¿Qué pasó aquí ?

Esa es la pregunta del millón. Chile era el país de mostrar, el propio Sebastian Piñera lo definió como el oasis de la convulsionada situación de América Latina, daba cátedras sobre economía a Argentina, Bolivia, Venezuela y Perú. Sus empresarios se pasean por el continente mostrando sus inversiones que se constituyen casi que en un monopolio donde aterrizan.

Por nombrar algunas empresas chilenas que vemos en Colombia: Falabela, Latam, Home Center, Ripley, Easy entre otras. Para no nombrar bancos, empresas de energía y concesiones de carreteras. Están en todo, con una pujanza asombrosa.

Sigo escribiendo, pero ¡no respondo la pregunta!. Aquí lo que hubo fue un terremoto social, exacto como lo leen. Chile ha tenido más de 15 terremotos con una magnitud Richter superior a los 7 grados, nueve de los cuales incluso sobrepasaron los 8 en la misma escala. El más fuerte se registró en Valdivia al sur de Chile, con 9,5 grados dejando 1.600 muertos los que se produjeron por el posterior tsunami que azotó la zona.

Hablo de un terromoto real, porque acabo de escuchar en Radio Cooperativa a un comentarista de la Universidad de Chile diciendo eso, es un «terremoto social» con la tremenda diferencia que los terremotos se han convertido en situaciones de unidad, de lucha para enfrentar la adversidad, de apoyo y colaboración con los que todo lo perdieron. En el caso del “terremoto social” no hay cómo hacer una evaluación, la confianza en las instituciones se desplomó de la misma forma como caen las estructuras al suelo luego de un movimiento telúrico. Es un movimiento sin rostro, sin líderes, sin partidos. Es un monstruo de mil cabezas que ha superado lejos la capacidad de unas autoridades que nunca escucharon a la gente.

Los grafitis tienen algo en común, además de insultar a Piñera y su equipo de gobierno, lo que mas se lee es una frase corta, contundente y arraigada: Chile despertó.

¿De qué despertó Chile?

Chile despertó del gran problema que aqueja a casi todos los paises del vecindario, Chile despertó de la injusticia social, de la concentración de la riqueza y la corrupción.

Un organismo tan importante como la Cepal confirmó la alta concentración de la riqueza en Chile hace 10 meses: el 1 % más acaudalado es dueño del 26,5 % del PIB. A esto sumemos sueldos bajos, pensiones miserables, medicamentos costosos y acceso a la educación de calidad sólo para los que pueden pagar.

A pesar de que la pobreza en Chile cayó 3 puntos porcentuales entre 2016 y 2017 llegando a un 10,7 % y logrando la segunda cifra más baja de la región después de Uruguay que tiene un 2,7 %.

¿Qué exige la gente?

En medio de las protestas, denuncias sobre violación de los derechos humanos, fuertes enfrentamientos entre manifestantes y la fuerza pública, la idea de construir una nueva Constitución ha venido tomando fuerza con el fin de reemplazar la carta heredada de la dictadura de Augusto Pinochet.

Para algunos analistas, la actual Constitución chilena, aprobada en 1980, por su espíritu neoliberal y de origen dictatorial, es un impedimento para modificar de fondo lo que el pueblo viene exigiendo en las calles. La actual carta política ha sido reformada más de 40 veces, pero sigue siendo un foco de críticas.

Para los que idolatran el modelo chileno y exaltan la figura de Augusto Pinochet, “el terremoto social” derrumbó absolutamente todo. A través de la famosa Escuela de Chicago se sentaron las bases para el nuevo Chile en dictadura, o sea, una nueva carta política en su momento que cedía al Estado un rol subsidiario y favorecía la entrada de la iniciativa privada en temas esenciales como la salud, la educación y las pensiones.

No creo que el responsable de todo lo ocurrido en estos días sea Sebastian Piñera. Él tiene una buena cuota de responsabilidad, pero también estan involucrados los gobiernos de la denominada Concertación de Partidos, la mayoría de centro e izquierda, que gobernaron el país durante muchos años logrando poco o nada en la transformación de las iniciativas heredadas de la dictadura.

Este “terremoto social” puede originar réplicas a larga distancia, las estructuras de otras naciones de nuestra América sufren de las mismas deficiencias en materia de equidad. Debemos tener mucha precaución porque el terremoto puede alcanzar dimensiones continentales. De hecho, ¡estamos advertidos!

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