Con voces de rechazo fue sepultado en Sabanalarga el expolicía Víctor Mendoza

Familiares del ex agente de Policía Víctor Mendoza Mendoza, asesinado el pasado miercoles en Barranquilla, en medio de un atraco, lo acompañaron hasta el camposanto del municipio de Sabanalarga para darle su último adiós, en medio de una voz de rechazo generalizada, en la que repudiaron los cuestionamientos del comandante de la Policía Metropolitana, Mariano Botero.

Los dolientes rechazaron las declaraciones que hizo el alto oficial, en las horas posteriores, en las que perdió la vida Mendoza junto a otro ex policía, en medio de un atraco, el cual se trató de desvirtuar con un acto sicarial de ajuste de cuentas.

Víctor Mendoza prestó el servicio como agente activo de la Policía por espacio de 25 años, sin ninguna acción reprochable, en el seno de esta institución uniformada. Así lo resaltaron sus familiares y compañeros que trabajaron junto a él, que lo acompañaron en su última morada.

“No tuvo un solo llamado de atención y en su casa aún reposan fotografías que evidencian ese hecho”, resalto el periodista César Mendoza Mendoza, hermano de la víctima.

Se dedicó a jugar fútbol aficionado, y el pasado domingo 16 de septiembre marcó un gol de tiro libre en un partido disputado en la cancha Bolívar de Sabanalarga, que aún es recordado por los aficionados de este deporte en esta población del Atlántico, por ser un tanto de una gran factura.

“Fue la despedida que nadie entendió, lo celebró con el alma, al ser el tanto con el que logró la igualdad en el marcador el equipo donde jugaba”, como recuerda Hermes Marín, amigo de Víctor.

Amigos y familiares de Mendoza exigen que se hagan las investigaciones pertinentes por parte de las autoridades, para llegar hasta el fondo de este caso y se esclarezcan los móviles de este hecho, que hoy enluta a una familia.

En medio de dolor no han perdido un solo instante en desestimar los señalamientos del comandante de la Policía Metropolitana, quien determinó el hecho sin aún culminar la investigación.

Por Lascario Marchena 

Sabanalarga

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