En las entrañas de la ‘nueva calle del cartucho’ en Barranquillita

El olor de la podredumbre, del fango y de comida descompuesta se pierde en el que despide el espeso humo del bazuco y de la marihuana de los indigentes y consumidores de droga quienes permanecen en una de las ollas de vicio más temidas de Barranquilla.

Es la denominada ‘nueva calle del cartucho’, ubicada en pleno mercado en la carrera 42D entre las calles 9 y 10. Con miedo a ser identificados, comerciantes de frutas y verduras tímidamente en el rincón de una bodega entregaron detalles de la vida al interior de este cuadrante de la muerte.

“Esto aquí es expendio y fumadero de vivió, se forman peleas, lavan ropa, se bañan…la gente se está alejando y el que viene aquí ya no vuelve más”, advierte un vendedor.

Atlántico en Noticias llegó a las entrañas de esta tierra de jíbaros, comercio y vidas perdidas donde hasta por mil pesos se consigue una dosis de alucinógenos e incluso son sorprendidos en pleno acto sexual a la vista de todos.

La imagen es perturbadora. Son decenas de hombres y mujeres con sus cuerpos famélicos, sucios, otros casi desnudos quienes duermen en el piso o salen de sus casas solo para llegar allí a consumir drogas.

“Aquí hay de todo: menores de edad, madres con niñitos cargados consumiendo, ¿qué ejemplo es ese?”, cuestiona un comerciante mientras a pocos metros un grupo encendía un ‘bareto’.
Manuel, como pidió ser identificado, conoce de cerca la situación pues conoce en su mayoría a los jíbaros y drogadictos quienes han sido sus amigos desde antes de que llegaran a las calles. Lleno de miedo por ser descubierto se atrevió a revelar lo que a diario se ve en ese sitio.

“Es una familia. Eso no es de hoy ni de ayer, para nadie es oculto ese punto de venta de drogas, las autoridades son partícipes de ese negocio y ellos supuestamente llegan a hacer requisas, compran también a los agentes de Policía”, cuenta oculto entre la multitud.

Explica que si bien esta situación no es nueva y data de hace varias décadas atrás, la recuperación de espacios como la zona cachacal entre otros sitios de invasión por parte de las autoridades, ha permitido que la problemática de traslade hasta el mercado.

“Se maneja la droga, el sicariato, la extorsión, todas esas cosas del mundo del hampa. Un tabaco de marihuana o una base de coca vale mil pesos”, revela mientras saluda a tres jóvenes hermanas, dañadas por el vicio y la prostitución.

Yovani Aristizabal, vocero de ProBarranquillita, que congrega al comercio formal de esta zona, advierte que al menos mil negocios legalmente constituidos se han afectado.

¿Pero qué hacen las autoridades ante esta problemática que se ha convertido en parte del paisaje y es de conocimiento público aunque pocos se atrevan a denunciar?

Atlántico en Noticias buscó la respuesta del general Mariano Botero, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, pero nunca atendió el llamado pese a que solicitó hasta las preguntas para la entrevista.

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