Investigadora de la Universidad de la Costa creó un instrumento sicométrico que busca estandarizar la evaluación de trastornos depresivos

La investigadora de la Universidad de la Costa Daniella Abello Luque, realizó una Escala Multidimensional de Trastornos Afectivos (EMTA) para la generación de indicadores sicométricos y escalas normativas de uso clínico.

Fueron alrededor de nueve años diseñando este instrumento sicométrico, sometiendo la investigación a diferentes fases conceptuales, de revisión y aprobación de expertos en la materia. La investigadora indica que es una herramienta confiable y que mide lo que se pretende, siendo útil para el uso clínico.

La magister en Psicología con profundización clínica, expresa que hay personas que se identifican con este problema, pero muchos no tienen la información suficiente, y tampoco buscan los recursos o medios para informarse. Agrega que este padecimiento no se puede determinar tan fácil, y que cuando se encuentre en una persona, no se le puede dar la espalda, incluso, brindar atención psicológica constante. “La importancia de esto no es solo determinar si el paciente tiene un trastorno depresivo, sino que nos da una ruta del tratamiento a seguir”, indicó.

“La gente cree que tener depresión es estar triste, y el familiar o el amigo lo que le dice es: Pon de tu parte. Ahí es donde yo pregunto ¿quién quiere sentirse triste?, nadie. La tristeza sí es un síntoma, pero por la falta de conocimiento de esta condición, la gente pone la responsabilidad en el paciente y hay un estigma sobre esta enfermedad, lo que lo lleva a padecerla en silencio”, comentó Abello.

La depresión, según la investigadora, es una de las enfermedades más comunes; es por ello que profundizó en el estudio de instrumentos que permitan medirla. Asegura que en Colombia hay grandes dificultades en la medición de los trastornos depresivos, debido a que muchas pruebas con las que se cuentan no están adaptadas a la población colombiana, o porque no todos los profesionales de la salud están capacitados para tratarla. “Hay zonas del país donde ni siquiera hay un siquiatra o un sicólogo”, señaló.

Este déficit en las herramientas de medición creó la necesidad de investigar sobre evaluaciones para trastornos afectivos. Según Abello, profesora de tiempo completo de la Universidad de la Costa, en los países subdesarrollados no hay actualización en el tema. Por esto construyó, junto con otros investigadores, un instrumento confiable, efectivo y válido que permite determinar si hay depresión o no y en qué factores el paciente está más afectado.

Esta investigación quedó consignada en el artículo Escala Multidimensional de Trastornos Afectivos, EMTA: Generación de indicadores psicométricos Y escalas normativas de uso clínico, publicado en la Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación.

“Para 2030 va a superar otras enfermedades como el cáncer, enfermedades cardiacas o el VIH. La depresión genera muchos costos y no se ha logrado prever la importancia de detectarla a tiempo. La depresión baja el rendimiento laboral y provoca jubilación precoz dependiendo del nivel (leve, moderado y severo). En algunos casos este padecimiento puede llevar a la muerte”, agregó la investigadora.

En su experiencia de más de 13 años como sicóloga clínica, Abello ha detectado que cada vez se reduce más la edad en la que se comienza a presentar la sintomatología depresiva. Señala que este es un problema de salud pública que requiere mejorar los protocolos de evaluación para hacer una intervención adecuada.

“Uno de los objetivos es capacitar al personal en salud para estandarizar los procesos y que sean más efectivos. Hemos encontrado que se cae mucho en el ensayo error y los pacientes pasan por muchas fases de diagnósticos con varios especialistas, hasta llegar a un resultado. Este padecimiento lo debe conocer todo el mundo, así como la gente conoce del cáncer o el VIH”, aseguró.

La especialista agrega que la depresión se da por distintos factores, entre los cuales señala el componente biológico, social y sicológico. Indica que hay personas más vulnerables que otras dependiendo de la cantidad de pérdidas significativas que haya vivido, refiriéndose esto no solo a la muerte de un ser querido, sino a rupturas amorosas, fracasos laborales y otras circunstancias negativas.

“Veo que los adolescentes están viviendo una disonancia entre lo que es su yo real y su yo ideal: el que se muestra en las redes sociales. Es cuando yo los confronto y les digo: El hecho de que tú en redes veas a alguien muy feliz, no quiere decir que lo sea. Mira el ejemplo de Avicci, se mostraba feliz y seguramente llevaba muchos años con este trastorno. Definitivamente las demandas ambientales actuales son diferentes a las de antes, ahora en cuestión de segundos tenemos que responder a muchas cosas, se ha perdido mucho el contacto social, el contacto ahora es más artificial”, concluyó.

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