El fin formal del controvertido proyecto de la Superliga europea quedó sellado este miércoles tras la publicación de un acuerdo entre el Real Madrid, la UEFA y la Asociación Europea de Clubes (ECA), en el que las partes establecen principios comunes y allanan el camino para resolver sus disputas legales.
El breve comunicado, redactado en un lenguaje jurídico denso, se dio a conocer días después de que el Barcelona oficializara su retirada del proyecto, un movimiento que dejó al Real Madrid —máximo campeón histórico de la Copa de Europa con 15 títulos— y a su presidente, Florentino Pérez, en una posición aún más aislada.
Aunque tanto el Madrid como el Barça obtuvieron hace más de dos años un fallo favorable del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en Luxemburgo frente a la UEFA, ningún otro club manifestó públicamente su intención de sumarse a la iniciativa, que carecía de un rumbo claro desde su colapso inicial.
El acuerdo anunciado este miércoles subraya que, “tras meses de conversaciones mantenidas en beneficio del fútbol europeo”, las tres entidades alcanzaron un “acuerdo de principios para el bienestar del fútbol europeo de clubes”. El texto enfatiza el respeto al mérito deportivo, la sostenibilidad a largo plazo de los clubes y la mejora de la experiencia de los aficionados mediante el uso de la tecnología.
Asimismo, el documento indica que los principios pactados “también servirán para resolver sus disputas legales”, cerrando así un capítulo marcado por tensiones institucionales y procesos judiciales.
La declaración se hizo pública coincidiendo con la reunión de dirigentes del fútbol europeo en Bruselas, en la antesala del congreso anual de la UEFA, que congrega a las 55 federaciones miembro.
El Real Madrid había liderado en abril de 2021 a un grupo de 12 clubes de España, Italia e Inglaterra en el lanzamiento de la Superliga, concebida como una competición alternativa a la Liga de Campeones. El anuncio provocó una inmediata reacción adversa, especialmente en Inglaterra, donde aficionados, autoridades deportivas y el gobierno expresaron un rechazo contundente.
La presión política y social, sumada a las críticas por considerar que el torneo amenazaba el modelo tradicional basado en el mérito deportivo, derivó en la retirada masiva de clubes apenas 48 horas después del anuncio, precipitando el derrumbe del proyecto.
El intento de ruptura se produjo en un momento estratégico, en vísperas de que la UEFA presentara reformas al formato de la Champions League, cambios que buscaban aumentar el número de partidos y los ingresos comerciales.
Con el nuevo acuerdo, las instituciones implicadas dan por concluida de manera oficial una de las crisis más profundas vividas por el fútbol europeo en los últimos años.












