Colombia atraviesa un escenario de incertidumbre diplomática y económica marcado por las tensiones con Estados Unidos y su reciente intervención en Venezuela, un contexto que podría afectar acuerdos y proyectos bilaterales que se venían explorando antes del retorno de Donald Trump a la Casa Blanca.
Uno de los casos más sensibles es el de Monómeros, empresa petroquímica con sede en Barranquilla y filial de Pequiven, controlada por el Estado venezolano. El Gobierno colombiano ha manifestado su interés en adquirir esta compañía, considerada estratégica para el sector agropecuario y la seguridad alimentaria, pero el proceso se ha visto frenado por las sanciones de la OFAC, dependiente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
Para el exministro de Minas y Energía Amylkar Acosta, el nuevo panorama internacional podría abrir una ventana de oportunidad. Según explicó, una eventual normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela permitiría el levantamiento de sanciones contra PDVSA y Pequiven, lo que facilitaría transacciones financieras sin necesidad de autorizaciones especiales de la OFAC y despejaría el camino para una eventual adquisición de Monómeros por parte de Colombia.
Acosta también señaló que este escenario permitiría reactivar el acuerdo binacional de 2007, firmado por los entonces presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez, que dio origen al gasoducto Antonio Ricaute, abriendo la posibilidad de una asociación entre Ecopetrol y PDVSA sin el riesgo de represalias estadounidenses.
No obstante, desde la academia advierten que los riesgos siguen latentes. Angélica Jiménez, directora del programa de Comercio y Negocios Internacionales de la Universidad Simón Bolívar, explicó que las sanciones de la OFAC representan un obstáculo jurídico y financiero real, pues implican la exclusión del sistema financiero global y desincentivan a bancos y socios internacionales, salvo que exista una licencia expresa.
En el caso de Monómeros, Jiménez recordó que, aunque Colombia ha firmado acuerdos de confidencialidad con Venezuela para evaluar la compra, las sanciones vigentes impiden concretar cualquier transacción, manteniendo en vilo un activo clave para el abastecimiento de fertilizantes en el país.
Así, mientras persisten las tensiones internacionales, el futuro de Monómeros y de los acuerdos energéticos colombo-venezolanos continúa atado a las decisiones que adopte Washington en el nuevo tablero geopolítico regional.