La comunidad del barrio San José, en el suroriente de Barranquilla, recuerda como si hubiera ocurrido ayer el atentado con explosivos contra la estación de Policía, un hecho violento que dejó siete uniformados sin vida y marcó para siempre a los habitantes del sector.
La explosión ocurrió en la madrugada del 27 de enero de 2018, cuando muchos residentes apenas comenzaban a despertar. El estruendo sacudió viviendas, rompió vidrios y sembró el pánico entre quienes salieron de sus casas creyendo que se trataba de una falla eléctrica o la explosión de un transformador.
“Fue como un estruendo que estremeció todo”
Vecinos relatan que el sonido fue tan fuerte que parecía “un estallido devastador”. Algunos salieron corriendo en un intento por auxiliar a los policías heridos, pero el temor a una segunda explosión los obligó a retroceder.
“Salimos a ayudar, pero reaccionamos y decidimos devolvernos porque podía sonar otra bomba”, recordó uno de los testigos, aún conmovido por lo vivido aquella mañana.
Un día que dejó huella en el barrio
Para los habitantes del sector, ese día quedó grabado como uno de los más tristes y dolorosos en la historia reciente del barrio. Además de la pérdida de vidas, muchas viviendas resultaron afectadas por la onda expansiva.
“Fue un día muy desagradable, la gente contaba cómo habían quedado los policías y también las casas, con los vidrios rotos”, relató otro residente.
El atentado, calificado por la comunidad como un acto criminal y despiadado, dejó una profunda huella emocional entre los moradores, quienes aseguran que es un recuerdo que nunca podrán borrar.
Mayor seguridad tras el ataque
Tras el atentado, la comunidad destaca que las autoridades reforzaron las medidas de seguridad en el sector. Se incrementó la presencia policial, se cerraron algunas vías y organismos de atención visitaron las viviendas para verificar los daños y brindar acompañamiento a las familias afectadas.
“La seguridad mejoró, los policías estuvieron más pendientes y las autoridades llegaron a las casas para saber cómo estábamos”, señalaron vecinos del barrio.
A ocho años de la tragedia, el dolor sigue latente, pero también el compromiso de la comunidad por no olvidar y por mantener viva la memoria de un hecho que cambió para siempre la historia del barrio San José.