Durante una emergencia, unos segundos pueden marcar la diferencia. Sin embargo, el problema no siempre radica en la falta de información, sino en cómo se comunica: tarde, de forma confusa o sin generar acción. Este fue el eje central del cuarto encuentro de la red europea AlertHub, donde expertos analizaron por qué los sistemas de alerta, pese a existir, no siempre cumplen su propósito.
El evento, realizado en febrero en la Universidad Católica San Antonio de Murcia (España), reunió a más de 150 investigadores de 43 países. En este escenario, el académico colombiano Jesús Arroyave, de la Universidad del Norte, aportó una mirada crítica desde América Latina con su conferencia When Warnings Meet Reality: Bridging Ideals and Practice in Latin American Risk Communication.
Más allá de emitir alertas: el reto de generar confianza
Según Arroyave, la eficacia de una alerta ya no depende solo de emitirla, sino de su capacidad para ser comprendida, creíble y accionable. En un entorno digital saturado de información, las instituciones enfrentan el reto de diseñar mensajes que realmente impacten el comportamiento ciudadano.
La red AlertHub —financiada por la Comisión Europea— busca precisamente mejorar la comunicación pública en emergencias, promoviendo la colaboración internacional y el desarrollo de mejores prácticas. Entre sus avances se destaca la creación de un repositorio europeo de acceso libre para emitir alertas más claras y coordinadas.
América Latina: alta exposición, baja evidencia
Uno de los aportes clave del análisis presentado por Arroyave es la paradoja latinoamericana: una región altamente expuesta a desastres, pero con limitada evidencia científica para orientar la comunicación de riesgo.
A partir de una revisión sistemática de estudios entre 1982 y 2022, el investigador identificó cuatro debilidades estructurales en los sistemas de comunicación de crisis:
- Fragmentación institucional
- Debilidad en la evaluación de mensajes
- Falta de adaptación a la diversidad social y territorial
- Dificultades para generar credibilidad en entornos digitales
Otro cambio clave es el papel de la ciudadanía. Las personas ya no son receptoras pasivas, sino actores activos que interpretan, comparten y cuestionan la información en tiempo real. Esto obliga a las instituciones a ir más allá de mensajes técnicamente correctos y enfocarse en comunicaciones comprensibles, inclusivas y confiables.
Tres claves para mejorar las alertas
Como conclusión, el investigador destacó tres prioridades para fortalecer los sistemas de alerta:
- Garantizar continuidad institucional
- Diseñar mensajes centrados en la comprensión y la equidad
- Articular mejor a instituciones, medios, plataformas y comunidades
El trabajo de AlertHub permitirá identificar qué modelos de comunicación son más efectivos y establecer recomendaciones concretas para mejorar la eficacia de los avisos oficiales en contextos de crisis cada vez más complejos.