La demora en la deconstrucción del viejo Puente Pumarejo se ha convertido en lo que el sector portuario califica como “la gran oportunidad perdida” para la expansión económica y logística de la región Caribe. A seis años de la entrada en operación del nuevo puente, no existe una decisión concreta ni recursos asignados para desmontar la antigua estructura, considerada hoy un obstáculo para el crecimiento portuario del río Magdalena.
El nuevo Puente Pumarejo fue inaugurado el 20 de diciembre de 2019 y, desde su etapa de socialización, se planteó que su construcción permitiría extender la zona portuaria hacia municipios del oriente del Atlántico y el Magdalena, siempre y cuando se retirara el puente viejo, que limita el paso de buques de hasta 45 metros de altura.
Un proyecto que nunca arrancó
En su momento, se aseguró que solo faltaba definir la fuente de financiación para la deconstrucción del antiguo puente. Incluso, se llegó a proponer el aprovechamiento turístico de parte de la estructura, con la creación de un mirador y espacios comerciales.
Sin embargo, seis años después la situación sigue intacta: la vieja mole continúa deteriorándose, no hay intervención oficial, los estudios se prolongan y el sector portuario sigue a la espera de una señal clara por parte del Gobierno Nacional.
Inversiones en pausa
Un documento elaborado por Asoportuaria desde 2024 advierte sobre los efectos negativos de esta inacción. Según el gremio, proyectos estratégicos permanecen congelados a la espera de la deconstrucción del puente.
Entre las iniciativas detenidas se encuentran parques industriales y logísticos, zonas francas, astilleros y ampliaciones de puertos existentes, proyectos que permitirían recibir embarcaciones de mayor calado, mejorar la eficiencia logística y reducir costos operativos.
De manera preliminar, Asoportuaria ha identificado inversiones potenciales superiores a los US$2 billones, que se ejecutarían en un horizonte de 10 a 15 años.
“Una oportunidad perdida”
Para Lucas Ariza, director de Asoportuaria, la falta de decisiones concretas representa un freno directo al desarrollo regional.
“El hecho de no haber concretado esta iniciativa lo podemos catalogar como la oportunidad perdida. Nadie va a invertir hasta que no haya una señal clara de que el puente se va a deconstruir”, señaló.
Ariza explicó que, sin certeza sobre cuándo, cómo y con qué recursos se realizará la demolición, los proyectos seguirán en pausa.
“No tiene sentido ampliar puertos o planear grandes complejos industriales contando con la llegada de barcos de gran tamaño, si no hay claridad sobre la demolición del puente”, agregó.
Incertidumbre por falta de recursos
Hace menos de dos meses, durante una reunión con autoridades portuarias de Barranquilla, la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas Mantilla, confirmó que los recursos no están contemplados en el presupuesto del Invías, lo que ha profundizado la incertidumbre.
Aun así, el gremio confía en que antes de finalizar el actual gobierno se defina una hoja de ruta, en línea con los anuncios oficiales sobre la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena.
Alternativas de financiación
Entre las posibles fuentes de recursos se han planteado el OCAD Río, el Fondo de Compensación Regional y un Proyecto de Aprovechamiento del Puente, además de apoyos locales que podrían complementar la financiación nacional.
El proyecto de demolición
El plan contempla la demolición de la parte central del puente, manteniendo las estructuras más cercanas a la orilla y a la isla, con un costo estimado de $93.378 millones y un tiempo de ejecución de dos años y cinco meses.
Adicionalmente, se proyectaba la construcción de un muelle comercial, un restaurante mirador y la transformación de la Isla Pensilvania en un atractivo turístico, con monumentos, zonas gastronómicas y actividades recreativas alrededor del río.
Mientras tanto, la antigua estructura sigue en pie, bloqueando una expansión portuaria clave y manteniendo en pausa inversiones que podrían transformar la economía del Caribe colombiano.