En esta ocasión, nos fuimos hasta la Rambla de Montevideo en un nuevo #Replay para escuchar al hombre que lleva a Barranquilla tatuada en el alma: Julio Avelino Comesaña.
Julio me confesó cómo se vivió el milagro del 93 y el enorme gesto de caballerosidad de Freddy Rincón al aceptar la derrota.
Hoy, tristemente, vemos cómo las barras bravas y los violentos manchan de sangre los colores que dicen amar. Hemos olvidado que el fútbol nunca debe costarle una lágrima de sangre a ninguna familia.
Por eso, hoy les dejo esta reflexión sobre la mesa:
¿Qué nos falta como sociedad y qué medidas deben tomarse para sacar a los violentos del fútbol y volver a ver nuestros estadios llenos de familias en paz?
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