El reciente Mundial de Clubes de la FIFA en Estados Unidos dejó algo más que goles y emociones: expuso las duras condiciones climáticas que podrían agravarse durante la próxima Copa del Mundo, que se disputará en el verano de 2026 con sede compartida entre Estados Unidos, México y Canadá.
Las altas temperaturas que se vivieron durante el torneo encendieron las alarmas entre expertos en salud y cambio climático, quienes advierten que organizar competencias futbolísticas en el verano del hemisferio norte representa un riesgo creciente tanto para los jugadores como para los aficionados.


“Cuanto más avancemos en la década, mayor será el peligro si no se toman medidas más drásticas, como trasladar los torneos a los meses de invierno o a regiones más frescas”, advirtió Piers Forster, director del Centro Priestley para Futuros Climáticos en la Universidad de Leeds, Inglaterra. “Estamos a una ola de calor de una tragedia deportiva. Es fundamental que los organismos rectores del fútbol se apoyen en la ciencia climática y médica”.
Desde la primera Copa del Mundo en 1930, el calendario tradicional de selecciones ha privilegiado los meses de junio y julio. Sin embargo, el aumento de las temperaturas a nivel global está obligando a replantear esa costumbre de casi un siglo.











