¿Realmente las potencias extranjeras quieren «salvar» a nuestros países, o solo nos usan como un tablero de ajedrez?
En 1988 me senté con Edén Pastora, el legendario «Comandante Cero», quien lideró el asalto al poder en Nicaragua. Para ese año, vivía exiliado y pescando para sobrevivir, huyendo de los mismos Sandinistas que ayudó a subir al poder.
Pastora me aseguró que a EE. UU. no le interesaba derrocar a los Sandinistas, sino asfixiarlos para que la revolución fuera «hambrienta, enferma y descalza». ¿El objetivo? Usar la miseria del pueblo nicaragüense como un ejemplo negativo para asustar al resto de América Latina.








